En el World Venice Forum 2009 que he presidido se ha presentado el proyecto de una corte penal internacional para el medio ambiente. La International Academy of Environmental Sciences (IAES) trabaja para esto a niveles de intervención más elevados: el primero, científico, consiste en el análisis de la situación mundial del medio ambiente y de las causas de los problemas ambientales. El segundo, económico, indaga en la economía, porque todavía hay empresas que anteponen las ganancias a toda costa con respecto a la tutela de la vida de los hombres. El tercer nivel – vital para nuestros fines – es el de crear una conciencia en las personas sobre el tema del respeto al medio ambiente.
A nivel jurídico nos espera un desafío todavía más importante: queremos presionar para crear leyes supranacionales que sancionen a quienes provocan desastres ambientales y por esto es necesario crear una corte internacional capaz de castigar en todo el mundo a quien viole los derechos medio-ambientales y humanos.
Pero la protección de la naturaleza pasa primero por la educación, que es fundamental: hay que hacer que se tome conciencia del medio ambiente con políticas públicas, estatales, jurídicas... con nuevas políticas educativas.
Por lo que se refiere a la crisis, nosotros en América Latina vivimos en una crisis permanente, la crisis es... como una hermana. La crisis mundial del otoño de 2008 ha creado una situación inmoral e injusta: Los gobiernos europeos y americanos están salvando los bancos y las empresas multinacionales y se preocupan menos de sus pueblos. Pero ¿de qué crisis se está hablando entonces? ¿De qué nos estamos ocupando realmente? ¿De la crisis de los bancos y las empresas, o de los pueblos?
En las altas esferas de las instituciones de los gobiernos no diviso ningún tipo de cambio. Los únicos cambios que se pueden realizar empiezan desde abajo. A través de la reacción de los pueblos, de las organizaciones, las protestas de las personas, podremos llegar a un verdadero cambio social, cultural, político. ¡Cultural! Con una nueva conciencia de participación del pueblo, llegaremos a un cambio social, político, económico.
Un poeta francés, Raoul Follereau, dijo “nadie puede ser feliz solo". La felicidad es compartir, con las demás personas, así como con la comunidad, con nuestro pueblo. Una receta es restablecer el equilibrio. Equilibrio con nosotros mismos, equilibrio con la comunidad, equilibrio con la madre naturaleza, equilibrio con el cosmos, con Dios. Y, puesto que nadie puede dar lo que no tiene, si no tenemos paz interior no podemos darles paz a los otros, ni compartirla. Lo importante es compartir.
giovedì 7 gennaio 2010
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